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“Los niños no se compran y las mujeres no son yacimientos de extracción. No podemos limitarnos a denunciar, sino que debemos manifestarnos en la calle porque es Jesús quien nos dijo que gritáramos desde la azotea”.
"La Nuova Bussola Quotidiana, 8 octubre 2016"


No es una llamada a las armas, sino un llamamiento firme el que hace el cardenal Carlo Caffarra en esta entrevista a La Nuova Bussola Quotidiana comentando la decisión de la región itaiana de Emilia Romaña de comprar en bancos de semen extranjeros gametos femeninos y masculinos para promover la fecundación heteróloga (con genes de personas fuera de la pareja).
Caffarra dice que interviene no cómo arzobispo emérito de Bolonia, sino como hijo de esta tierra según “un derecho que me ha sido dado por el hecho de ser un emiliano” [de la región de Emilia]. Pero acerca de la doble iniciativa del consejero de la región Sergio Venturi (adquisición de gametos en el extranjero y donación gratuita por parte de voluntarios “altruistas” italianos) ha decidido que no es el momento de estar de brazos cruzados.


-Eminencia, la decisión de la Región ¿lleva a un punto de no retorno?

-Es algo gravísimo y aberrante. No se dan cuenta de que se está arrancando la genealogía de la persona de la genealogía natural. La persona humana nace arraigándose, en carne y sangre, en una genealogía y es increíble que esto tenga que decirlo un obispo, porque lo único que hago es instar la conciencia civil a una dimensión natural y biológica de la persona. Actuando así se destruye el tejido de las relaciones en las que la persona humana crece armoniosamente.

 

-Sin embargo, parece que la iniciativa ha sido bendecida con el placet de la ley…

-Para nuestros padres constituyentes no había otro modo de ser familia que con el matrimonio entre hombre y mujer. Y no reconocer esto significa estar cegados por una ideología que impide ver cómo están las cosas realmente.

 

-Entonces no es que cambie mucho el que se diga que los gametos serán donados, ¿verdad?

-Si he entendido bien, se habla de don; en realidad, esto hace referencia a la campaña de recogida, pero la Región ya ha puesto en marcha una convocatoria de licitación para encontrar los bancos extranjeros de gametos a los que comprarán, sobre todo, ovocitos femeninos. Pero esto no es gratuito porque la región se gastará ¡seiscientos cincuenta mil euros por bienio! Y para hacerlo ha publicado una convocatoria de licitación.


»Pero, ¿nos damos cuenta de que estamos tratando a las células reproductivas como si fueran una licitación para construir una carretera? ¿No somos capaces de entender que estamos utilizando el dinero público para comprar hombres?

 

-Mientras las instituciones controlaban un mercado entre privados se podían cerrar los ojos hipócritamente...

-La veterinaria ha entrado plenamente en lo humano. Los ordenamientos jurídicos siempre han tenido un trato de favor hacia el matrimonio entre hombre y mujer. Era el denominado privilegium juris; esto no significa que hay que castigar a los homosexuales o célibes, pero la autoridad pública -que es responsable del bien común- sabe que la piedra fundamental del edificio social es la relación entre hombre y mujer, de la que deriva la procreación y la educación de nuevas personas humanas. Este modo de actuar, no favoreciendo el matrimonio, es contrario al bien común.

 

-Se esconde todo con la justificación del invierno demográfico…

-…pero no se dice nunca cuántos embriones son destruidos, ni se dice cuáles son los porcentajes de fracaso. Y tampoco se explica que la mujer es sometida a tratamientos hormonales extenuantes. Es un gran engaño, llevado a cabo con fondos públicos. No se puede permanecer callado.

 

-De nuevo su Emilia Romaña es la región a la vanguardia de los nuevos derechos y de la nueva antropología de los deseos que se convierten en derechos. Además de enfermiza y desesperada, ¿es también transhumana?

-Constato todo esto con gran dolor. Pero la solución no es otra que un gran compromiso educativo; sólo podremos reconstruir el tejido social colectivo mediante un verdadero cambio en el ámbito educativo. Es un proceso largo, pero no veo otro camino.


-Pero, ¿cómo? Estamos en una tierra gobernada por políticos que se definen católicos…

-Aquí tocamos un punto doloroso. Nosotros, los obispos, debemos pronunciar un gran mea culpa: hemos eliminado de nuestras comunidades la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia, hemos dejado de educar en una fe que sea criterio de juicio sobre lo que sucede en la historia de los hombres y las mujeres. No hemos proporcionado criterios de valoración, y el resultado es que ya no vemos el vínculo que hay entre lo que celebramos el domingo y lo que haremos el lunes.

 

-Intente explicarlo: ¿por qué disponer de los gametos es un acto contra natura?

-Porque lo que se producen son las cosas, no los niños y esta es una producción de niños. La lógica de la producción corrompe la dignidad de la persona. El niño es, de este modo, corrompido en su dignidad.


»En segundo lugar, el cuerpo de la mujer no es una mina, un yacimiento del que extraer lo que me sirve para realizar mis deseos, porque un ovocito no es el tejido de la córnea que utilizo para dar la vista a un ciego. El ovocito lleva implícita la capacidad de dar origen a una nueva persona, no es una célula cualquiera.

 

-Parece un concepto simple, pero ahora es difícil hacer que se entienda…

-Es un problema cultural.

 

-¿Por qué es la Iglesia la que tiene que afrontar siempre estas temáticas?

-En realidad la Iglesia, que es acusada de estar atrasada, es siempre la primera en decir las cosas. Lo que pasa es que no se la escucha. Cuando Benedicto XV definió la Primera Guerra Mundial como una masacre inútil, fue atacado y le llamaron “Maldito XV” [juego de palabras: en italiano Benedetto es Benedicto y también bendito]. Actualmente todos los historiadores están de acuerdo en definir la Gran Guerra de este modo.

 

-¿También disponer de la vida humana como un objeto es una masacre inútil?

-Tiene en sí las características de la injusticia contra el Creador. El Papa Francisco ha citado una frase del Papa emérito Benedicto XVI que, en una conversación con él, ha dicho que los pecados de hoy son pecados contra Dios Creador; es Dios a quien se está desfigurando.

 

-Sin embargo, y hablando de nuevo de obispos reticentes, no se recuerda nunca lo que arriesga el alma que los comete.

-Es verdad. De hecho, en unos días presentaré el libro del cardenal Ruini, que habla del Infierno y del Paraíso. Hay una eternidad en la vida feliz, pero también hay una eternidad en la condenación.

 

-No obstante, el mundo católico se debate entre si es suficiente denunciar esta deriva anti humana o si es necesario hacer algo más…

-Hay que detener el mal. El Papa Francisco ha hablado de una guerra mundial cuyo objetivo es la destrucción del matrimonio. Si estamos ante una guerra no podemos limitarnos a decir: “Yo esto no lo hago, yo no soy soldado de esta guerra”. No, debemos manifestarnos y hacer todo lo posible para detener el mal y respetar el derecho a la vida y a una libre educación.

 

-¿Es una posición de Iglesia de las catacumbas?

-No estamos aún en las catacumbas y recuerdo que la Iglesia no eligió nunca estar en ellas. Cuando la enviaron estuvo en ellas, pero la Iglesia no eligió nunca las catacumbas. Debemos ser fieles y mantenernos firmes al precepto de Jesús, del que nos olvidamos a menudo a causa de nuestra indolencia y nuestros pecados: “Lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea”.

 

(Traducción del italiano de Helena Faccia Serrano, diócesis de Alcalá de Henares)