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El bien del matrimonio
Perugia, 14 junio 2008


San Pablo escribió "Tenemos este tesoro en vaso de arcilla" al referirse al ministerio apostólico. Me parece que se puede decir lo mismo del matrimonio: un tesoro verdadero, aunque sea depositado en vaso de arcilla.

Con la siguiente reflexión quisiera ayudarles a tomar conciencia de la bondad, de la preciosidad inherente del matrimonio. Por lo que mi discurso no será exhortativo-moral; tampoco un diagnóstico sobre la condición en la cual hoy se encuentra el matrimonio en la sociedad civil. Simplemente será una reflexión sobre la verdad del matrimonio y que espero sea para ustedes un inmenso gozo espiritual.

El Concilio Vaticano II [cfr. Cost. Past. Gaudium et spes 48; EV 1/1471-1472] será nuestra guía. Distingue la bondad, el valor intrínseco del matrimonio en cuanto instituido por Dios creador, y la abundancia de las bendiciones diseminadas por Cristo redentor elevándolo a la dignidad de sacramento.

1.- La bondad natural del matrimonio

La persona humana es hombre y mujer. Podemos preguntarnos ¿existe una razón intrínseca a este hecho? ¿por qué el humanum se realiza en dos modos o formas, el modo de la masculinidad y el modo de la femineidad?

Alguno pudiera responder que es una constante biológica. Después de cierto grado en la escala de los seres vivos, el dimorfismo sexual es la modalidad por la cual se asegura una mejor continuidad de la especie.

La respuesta es sólo parcialmente verdadera y sobre todo el abordaje del problema conlleva menor riesgo. Que sea parcialmente verdadera no me compete demostrarlo: es un hecho comprobable en el mismo método de la verificación científica. A mí me interesa principalmente detenerme en otro punto.

Abordar la problemática antropológica "partiendo de abajo" representa un riesgo, esto es hacer un razonamiento más o menos de este tipo:"como en todas las especies vivientes de un cierto nivel en adelante… lo mismo sucede en el hombre…" El riesgo de esta metodología es impedir la comprensión de la originalidad de la persona, su incomparable unicidad, reduciéndola a un "caso" de la ley general.

Regresemos entonces a nuestra pregunta y así encontrar una respuesta más adecuada. Esta nos es sugerida en las primeras páginas de la Sagrada Escritura.

En el segundo capítulo del Génesis la creación de la persona humana-mujer se explica a través de la persona humana- hombre para liberarse de su soledad originaria. La palabra "soledad" no tiene el significado psicológico débil que tiene nuestro lenguaje común, una clase de malestar psíquico. Tiene un significado ontológico: no tiene que ver con el sentir sino con el ser de la persona. Soledad significa la imposibilidad de comunicarse con el otro por sí mismo; significa incompleto en cuanto al ser: se es meno persona desde el momento que se encuentra "sola" ["no está bien…"]

La creación de la persona humana-mujer hace posible que la persona humana-hombre salga de sí mismo: posibilita la comunión con el otro y por lo tanto la comunicación. No es una casualidad que las primeras palabras que el hombre dice, las dice a la mujer: llega a ser capaz de hablar porque llega a ser capaz de comunicar; es capaz de comunicar porque llega a ser capaz de hacer comunión. La secuencia es: lenguaje →comunicación → comunión.

Presten bien atención. La persona que hace posible la comunión es la persona-mujer. Es una manera diferente de ser persona, expresada en la corporeidad sexual femenilmente configurada. Dicho en una forma simple: No es creando un segundo hombre que el hombre hubiera salido de su soledad: se hubiera encontrado de frente a otro como él, y no un …"otro otro". La comunión interpersonal es posible si existe el otro en un verdadero sentido de la palabra, pero que al mismo tiempo tenga la misma dignidad ontológica de persona.

Esta breve reflexión nos da todos los elementos necesarios para construir la respuesta a nuestra pregunta.

La masculinidad y la femineidad son el "símbolo real" de la relación originaria de la persona humana. Explico analíticamente esta afirmación fundamental.

Para entender qué es un "símbolo real" debemos tener presente que existe no solamente el lenguaje informativo sino también el performativo. Doy un ejemplo. Si le digo a una persona:"te agradezco", uso un lenguaje informativo. Expreso a aquella persona que estoy agradecida, pero no sólo eso. Al mismo tiempo que digo "te agradezco", cumplo también de hecho un acto de agradecimiento. Nuestro lenguaje no siempre es así.

El "símbolo real" es un signo, es un lenguaje informativo y performativo. La constitución sexual de la persona expresa, dice, "informa" que esa [la persona] está originariamente en relación: está constituida en la relación. Pero al mismo tiempo la constitución sexual hace posible, es en grado de realizar una verdadera comunión interpersonal.

He utilizado la palabra "originario/a". ¿Qué significa? Dos cosas. Primero, que la naturaleza de la persona humana está hecha de esta forma; segundo que la libertad no se encuentra erradicada de esta constitución, sino que le es responsable; le ha sido dada como un deber.

"De tal forma, el cuerpo humano marcado por el sello de la masculinidad o de la feminidad, encierra desde el principio los atributos esponsales, esto es la capacidad de expresar el amor: precisamente ese amor en el cual el hombre-persona llega a ser don y- por el cual este don- actúa el sentido mismo de su ser y de su existir" [Congregación para la Doctrina de la Fe, Dich. Esperta in umanità (31.5.2004) 6,3; EV 22/2796].

No se olvide que como todo lenguaje, también el lenguaje de la sexualidad tiene su propia "gramática". Si ésta no es respetada, el lenguaje llega a ser incomprensible o bien transmite significados falsos. De todo lo que hemos dicho hasta ahora la gramática del lenguaje sexual es la gramática del don de uno mismo.

Retomemos ahora el inicio de nuestra reflexión. La reflexión hecha hasta ahora nos ha ayudado a descubrir que el matrimonio es un "tesoro". Esta es la primera, y en cierto sentido la expresión fundamental y realización de la constitución relacional de la persona humana, y la llamada de la misma a la comunión.

Y el verdadero símbolo del matrimonio se encuentra en que sólo en él se dan las condiciones para que una nueva persona venga a la existencia como corresponde a su dignidad. La verdad del matrimonio libera a la persona del riesgo estéril y finalmente mortal de verse confrontada sola con sí misma[cfr. doc. cit.; 2794]. Y la paternidad-maternidad es la perfecta salida de sí, la donación de uno mismo la cual se realiza plenamente en la comunión entre hombre y mujer.

El matrimonio es un gran bien que se les ha donado porque es la posibilidad de realizarse ustedes mismos en plenitud en la única forma verdadera: el don de sí mismo esponsalicio y paternal.

 2.- La bondad sobrenatural del matrimonio

Entremos ahora en el universo de la fe en el cual la preciosidad propia del matrimonio ha sido elevada a una dignidad sublime. Ahora intentaré decir algo al respecto partiendo de una experiencia muy simple.

Seguramente nos ha pasado decir:"esta persona es más bella que aquella", o bien "esta música, esta iglesia, esta ciudad es más bella de aquella…". Es decir, somos capaces de instituir una graduación al interno de la misma perfección [en el ejemplo: la belleza].

Esta operación espiritual es posible porque tenemos por lo menos una oscura percepción de la perfección en cuestión al grado puro, al grado máximo . De otra forma ¿cómo pudiéramos decir "más-menos" si no tuviésemos una medida con la cual medir el grado de perfección?

No solo. El ser "más" o "menos" [por ej. bello/a] no puede explicarse más que en base a la mayor o menor intensidad de la participación de aquella perfección y a su estado puro. Lo dice la misma palabra, parti-cipación, esto es "tomar-parte". En la medida que se toma parte es posible un más o un menos.

¿Qué cosa sucede en un hombre y en una mujer que se casan "en Cristo", esto es que recibieron el sacramento del matrimonio? Se han hecho partícipes del mismo amor de Cristo el cual se completó en su perfección pura en la cruz.

El apóstol Juan introduce la narración de la pasión del Señor escribiendo que en esa el amor de Jesús alcanza su perfección suprema.

A través del sacramento del matrimonio, el hombre y la mujer son hechos partícipes y por lo tanto son capaces de amarse con el mismo amor con el cual Cristo ha amado, obviamente no con la misma medida. El amor esponsalicio de dos esposos cristianos es de la misma naturaleza aunque de diferente medida respecto al amor de Cristo crucificado.

Presten bien atención: no estoy hablando sobre un trabajo, estoy hablando de una gracia; no estoy hablando de una obligación, estoy hablando de un don. Para recibirlo solamente se pide la voluntad de casarse en "Cristo" esto es, de celebrar no simplemente el matrimonio sino el matrimonio-sacramento. Ni más ni menos.

Pueden entender ahora porque en la fe la preciosidad misma del matrimonio es elevada a dignidad sublime.

Al final del punto precedente les decía que el matrimonio es un gran bien porque le dona al hombre y a la mujer la posibilidad de realizarse a sí mismos en el verdadero modo, esto es en el dono de sí.

En el sacramento esta posibilidad viene inhabitada y como investida de una posibilidad humano-divina, aquella de Cristo crucificado.

Existe otro aspecto sobre el cual quiero que presten atención. Tenemos este tesoro en vasos de arcilla, nos dice el Apóstol. Hace poco les hablé sobre la "gramática" del don que crea comunión entre el hombre y la mujer. Sin embargo, el lenguaje sexual puede ser dicho siguiendo la "gramática" del dominio que genera conflicto entre hombre y mujer.

La preciosidad se ha echado a perder, la correlación originaria ha sido herida: tiene necesidad de ser sanada. Los esposos hombre y mujer inseridos en el misterio de la Cruz, son sanados por la gracia de Cristo, y son reportados a una comunión en la cual la concupiscencia puede ser vencida. Es cierto que es un camino difícil y largo. "En la fuerza de la resurrección es posible la victoria de la fidelidad sobre la debilidad, de las heridas sufridas y de los pecados de la pareja. En la gracia del Cristo que renueva su corazón, el hombre y la mujer llegan a ser capaces de liberarse del pecado y de conocer el gozo del don recíproco" [Congregación para la Doctrina de la Fe, Dich. Esperta … cit. 11,1; EV 22/2813].

Conclusión

Me gusta concluir con un texto de K. Woitila. "Crear cualquier cosa que refleje la imagen del "Ser y del Amor absoluto es tal vez la cosa más extraordinaria que existe. Pero se vive sin darse cuenta" [in Tutte le opere letterarie, Bompiani, Milano 2001, pag. 869]. Se ha dicho todo.

"El tesoro" es: crear algo, esto es dar origen a la comunión esponsalicia y familiar; "que refleje el Ser y el Amor absoluto"; la co-relación constitutiva de la persona humana es a imagen de Dios.

Pero el teso "es depositado en vasos de arcilla", porque "se vive sin darse cuenta".

Por lo tanto, "el amor es un reto continuo. Quizá Dios mismo nos reta para que nosotros mismos retemos al destino" [ibíd. pág. 849].


Traduzione in spagnolo di Verónika Montiel Boehringer.