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"Don Giussani: su experiencia del hombre y de Dios"
Por Monseñor Massimo Camisasca - Edizioni San Paolo
15 mayo 2009


Cuando alguien te pide que presentes un libro, se pueden elegir los siguientes caminos: 1. hacer un resumen detallado, casi sustituyendo la lectura; 2. partir del libro para expresar reflexiones propias acerca del mismo tema del libro; 3. coger la idea y la inspiración originaria y dejarse provocar intelectualmente y espiritualmente por ella. Yo prefiero hacer mi presentación eligiendo la tercera opción, porque, como se verá a continuación en mi discurso, es la más adecuada al libro.

Procederé de esta manera. En el primer punto, trataré de individuar la que según el autor constituye la experiencia originaria de Giussani. En el segundo demostraré cómo esta experiencia tiene una coherente función educativa. En el tercero, trataré de demostrar cómo la experiencia originaria genera y da forma a todo el pensamiento de Giussani. En el cuarto, mencionaré el resultado último y más sugestivo de todo su recorrido.

  1. El libro está bien construido según un paradigma genético-histórico: habla del carisma de Giussani partiendo de la individuación de la intuición originaria para pasar luego al desarrollo cronológico y vital de la misma tanto según su lógica interna y la comparación con las diferentes situaciones históricas, hasta la conclusión "mística" (en el sentido auténticamente cristiano del término) de la experiencia cristiana y sacerdotal de Giussani. Es por esta estructura que la lectura del libro resulta tan fascinante. Entonces trataré de individuar, según el punto de vista del autor, la intuición originaria que genera toda la vida y la propuesta de Giussani. Toda grande visión de la realidad está radica en un momento espiritual primario, por ejemplo una idea, o un dato de nuestra experiencia, o un hecho significativo de la existencia, que se presenta en ese punto originario, central y omnicomprensivo que sin éste nada es inteligible y tiene sentido, y a la luz del cual cada realidad se pone de manifiesto en su verdad y encuentra su lugar en el universo entero del ser. Se podrían hacer varios ejemplos. En Giussani, esta llave interpretativa del todo no es una idea, una evidencia que se puede expresar por medio de una reflexión filosófica sino que es acontecimiento histórico. Escribe el autor: "Se puede decir que toda la palabra de Giussani, y sobre todo durante sus últimos años de vida, surge del estupor por la Encarnación. Este acontecimiento, pasado y presente, determinó el despertarse de su espíritu, la gratitud de su corazón, el movimiento de toda su vida" (véase p. 143). Y de hecho en Jesús, dice Giussani, "se juntan y se coordinan todos los hilos, todas las generatrices del universo. Quien tenga un punto de vista acerca del universo total, pasado, presente y futuro, ve a todos los seres suspendidos ontológicamente a Cristo y llegar a ser definitivamente inteligibles a través de Él" (cita a p. 123). Probablemente todo ya había sido puesto como germen en el corazón de este gran hombre, cuando era poco más de un adolescente seminarista y tuvo ese sobresalto interior del que habló varias veces a lo largo de su vida, cuando por primera vez leyó la poesía del poeta italiano Leopardi (con el cual establecerá un diálogo profundo durante toda su vida) "Alla sua donna", sobre todo la última estancia. También el padre Barsotti, otro gran espíritu del Novecientos, se comparó durante mucho tiempo con Leopardi. Si no me equivoco, sólo estos dos grandes espíritus en la Iglesia han entendido que la propuesta cristiana no podía ignorar la "provocación teológica" de Leopardi. Es el encuentro (categoría central en la experiencia de Giussani) con Jesucristo, el Verbo encarnado, el factor decisivo de toda su existencia y propuesta, como continuamente pone de relieve el libro. Ahora, tenemos que ver de qué manera este acontecimiento espiritual originario afecta la propuesta de Giussani.
  2. Antes de contestar a la pregunta – respuesta que de hecho coincide con el contenido de todo el libro – cabe hacer una premisa muy importante, y necesaria para entender a fondo toda la obra que estamos presentando. Uno de los elementos esenciales de la Denkform católica es el realismo: la visión católica de la vida es una visión realista. Un gran teólogo, el Cardenal Leo Scheffczyk (1920-2005) define así el realismo católico: "El realismo de la salvación afirma que la salvación, según la comprensión cristiana y católica, atraviesa y ata a sí incluso esa esfera que está en frente a la realidad ideal y espiritual, es decir, la realidad material, cósmica, sensible e histórica; lo sobrenatural, divino y espiritual, entonces se sirve de la realidad subordinada a él, es decir, de lo que es visible, material y, expresándose en él, lo levanta a la salvación, al mismo tiempo. Entonces, el significado propio de la expresión "realismo de la salvación" debe entenderse en este sentido que, al final, se refiere al misterio de la inmanencia del Dios trascendente" (en Il mondo della fede católica. Verità e forma, V&P, Milano 2007, p. 95). Leyendo el libro de Monseñor Camisasca, a menudo he tenido la tentación de pensar que el realismo de la salvación es el elemento que más caracteriza a la propuesta de Giussani. El libro muestra muy bien que para Giussani o la propuesta cristiana es significativa para toda la vida, para todos los capítulos que componen la biografía de cada hombre desde su nacimiento hasta su muerte, o está destinada a desaparecer gradualmente por deslegitimación existencial: "no está legitimada para hablar del hombre al hombre, ya que no tiene nada que ver con la vida del hombre". Giussani supo prever con gran lucidez acerca de este punto: de verdad tuvo la valiente claridad del profeta-centinela. Así se puede entender la verdad de lo que escribe Monseñor Camisasca: "La educación es la marca distintiva de su existencia (de Giussani)" [véase p. 39]. El realismo de la salvación supone que la propuesta cristiana no puede prescindir de su vocación educativa, ya que Giussani no se cansa de reiterar que la educación es "introducción a la realidad" (cf. P. 40). La definición se vuelve más precisa como "introducción al Misterio". En una palabra: todo lo humanum en Cristo y Cristo en lo humanum. Ésta podría ser la definición de la acción educativa cristiana, que coincide paulinamente con la afirmación del Cristo con nosotros. Según la perspectiva de Giussani, propuesta cristiana y propuesta educativa representan lo cóncavo y lo convexo de la misma figura. De ahí derivan dos consecuencias: mencionaré la primera y en cambio dedicaré más tiempo a la segunda, conforme hace el libro. La primera. El estilo educativo de Giussani (como de cada verdadero y gran educador) es un estilo, positivamente, que genera a personas libres; negativamente, que transita entre Scilla del autoritarismo y la Cariddi del permisivismo, que son los factores que producen esclavos. Escribe muy bien el autor: "El objetivo de la educación es que los chicos se vuelvan adultos, "capaces por sí solos de enfrentarse a todo"" (véase p. 46). La segunda consecuencia merece una reflexión más atenta y detallada, porque atañe a la suma del pensamiento.
  3. Lo que hemos dicho hasta ahora nos ayuda a entender la estructura del pensamiento de Giussani, su lógica interna y su contenido. Su exposición más importante es la trilogía del PerCorso. Se trata de tres volúmenes publicados entre 1997 y el 2003: El sentido religioso, A la origen de la pretensión cristiana, ¿Por qué la Iglesia?. A ellos Monseñor Camisasca debidamente dedica la parte central de su volumen. La trilogía empieza con una pregunta fundamental, a la cual el autor del libro insiste a llamar la atención. "¿Por dónde empezar? Otra vez desde la observación del hombre, a partir de nosotros mismos. El hombre se observa en acción" (véase p. 54). "Los factores constitutivos de lo humano se ven en la acción", escribe Giussani. Este punto de partida coincide singularmente con el de la obra filosófica principal de Karol Wojtyla: "Una experiencia sin duda está vinculada a una serie de acontecimientos que se nos dan, entre ellos es el todo dinámico "el hombre actúa". En nuestro estudio todo parte de este acontecimiento…" [Persona e atto, Rusconi Libri, Milano, 1999, p. 48-49]. Sin embargo, cabe poner atención y no olvidar lo que he dicho en los dos números anteriores, que destacaban el origen del pensamiento de Giussani. Se trata de un pensamiento antropocéntrico porque es cristocéntrico; y es cristocéntrico porque es antropocéntrico. En resumen, la pasión por Cristo y la pasión por el hombre están estrechamente vinculadas. Es la grande pregunta que se ha arraigado en el corazón de los creyentes y que jamás lo ha dejado: Cur Deus homo? Y la respuesta: ut homo fieret Deus. El cristianismo es el dono ofrecido al hombre de una plenitud de ser que al mismo tiempo responde adecuadamente al deseo del hombre y lo rebasa infinitamente, por lo cual el estupor es incesante. Jesús no sólo es la respuesta a la espera del hombre, ni es su pretensión. En términos más cercanos al vocabulario de Giussani. El cristianismo no se reduce al sentido religioso: "Lo más importante para iniciar a construir, que nos determina y forja no es el sentido religioso, sino el encuentro con Cristo" (véase p. 60). ¿Cómo uno se sale de este ámbito? El ámbito de la propuesta cristiana? De dos formas, piensa Giussani. Impidiendo a nuestra razón de ejercitarse según el control de su capacidad: "Toda la vida pública de Giussani ha sido una batalla en favor de la razón y de un uso no reducido sino adecuado de ella" [véase p. 53]. Sobre este aspecto Giussani ha anticipado uno de los grandes desafíos del magisterio de Benedicto XVI. La otra forma de salir del ámbito de la propuesta cristiana es la decisión de bastarse a sí mismos. Kierkegaard la llama "desesperación o por debilidad o por obstinación" y ve en esa la marca distintiva de la modernidad que ha abandonado al cristianismo. Es por eso que Camisasca con precisión concluye el capítulo dedicado a El sentido religioso con un texto admirable de Giussani: "El verdadero drama reside en la libertad, en la voluntad que está llamada a adherir a esta inmensa evidencia. El hombre solo tiende a reducir rápidamente el tiempo de la espera, de darle un rostro al Misterio" (cf. p. 59). A este punto cabe introducir una categoría fundamental del pensamiento de Giussani, como de hecho sigue en el segundo y tercer volumen de la Trilogía: la categoría del Misterio. Junto a la del realismo, ella define la Denkform católica. No puedo detenerme mucho en eso. Me limito a algunas observaciones esenciales. ¿Qué significa "Misterio"? Misterio es el acontecimiento cristiano que se puede narrar como cualquier otro hecho realmente acontecido, pero que incluye en sí mismo y por sí mismo la propuesta salvífica del Dios, que siempre es más grande de nuestras expectativas y las rebasa. Entonces el Misterio es Jesucristo: su vida, su pasión y muerte, su resurrección. Dentro de la historia humana: el Misterio es la Iglesia. En efecto, la Iglesia es para Giussani Jesucristo que encuentra a la persona humana hoy. Con una expresión muy fuerte, el sacerdote ambrosiano habla de una "continuidad fisiológica" entre Jesús y la Iglesia. En resumen, el sustrato conceptual del segundo y del tercer volumen del Percorso está encaminado a enseñar la posibilidad real ofrecida al hombre en Cristo de encontrar al Padre. Y sólo hay un modo de comprobar una posibilidad: probarla, experimentarla. Según Giussani, Occidente ha eliminado el Misterio reduciendo el cristianismo a una propuesta moral, ejemplificada en Cristo: ha eliminado el Misterio, es decir, separando la propuesta salvífica de la historia. Porque en efecto, el escándalo cristiano reside en eso: la salvación se hace carne. Una consecuencia particular, pero que siempre me ha llamado la atención leyendo las obras de Giussani la ha definida así Camisasca: "Giussani tiene una capacidad especial que lleva al oyente a identificarse con el propio acontecimiento evangélico, a volver a crear situaciones, ambientes, a desvelar lo que no está dicho sino sólo sugerido" (véase p. 68). Esta forma de leer la página evangélica no tiene un objeto devocional. Su raíz última, teológica, radica en el sentido del Misterio.
  4. Luego el autor destaca la coherente relevancia que la reflexión teológico-pedagógica de don Giussani con respecto a algunas dimensiones esenciales de la vida: el trabajo, el compromiso por la construcción de una sociedad a medida del hombre y de ahí la política y la relación entre hombre y mujer. No es mi intención detenerme mucho en el asunto, porque prefiero hacer hincapié en lo que según Monseñor Camisasca es el resultado de todos los sucesos espirituales de don Giussani. Y eso para mí ha sido un verdadero descubrimiento. No conocía la experiencia cristiana de don Giussani bajo este punto de vista, y por eso estoy agradecido con el autor. Lo que Monseñor Camisasca escribe en los últimos dos capítulos de su obra es muy conmovedor. El gran sacerdote ambrosiano, este apasionado amante de Cristo y del hombre, al final de su Percorso alcanzó la última profundidad del Misterio. Santo Tomás dice que entre todos los atributos de Dios, el más divino de todos, aquel en dónde más se manifiesta su Ser, es la Misericordia. "Dios para el hombre es misericordia y la paz en nosotros tiene sólo un nombre: la misericordia de Dios" (véase p. 156). Y en el marco de esta síntesis de toda la obra de Dios, don Giussani ve iluminarse de nueva luz a la persona y la misión de María, Mater misericordiae, "de esperanza fuente viva". Y eso constituye una confirmación de lo que voy pensando y diciendo desde hace muchos años. Todos los grandes cristianos de una modernidad que está disolviéndose como promesa no cumplida, han llevado el peso de la miseria humana viviéndola dentro de la experiencia de la misericordia divina. Teresa del Niño Jesús, así como Gemma Galgani, Padre Pio, Teresa Benedicta Stein, Teresa de Calcuta, Juan Pablo II, y don Giussani ["Dios vencerá con su bien a nuestro mal: el triunfo de la misericordia"] (véase p. 157).
  5. Ahora quisiera concluir de forma muy sencilla. Por medio de don Giussani, ahora Dios ha puesto un carisma en su Iglesia, un carisma que ha tomado cuerpo en la Fraternidad de CL para el bien de la Iglesia. Los cristianos que reciben carismas fundacionales son donados para que toda la Iglesia sea ayudada a quedarse, a permanecer dentro del Origen para poder vivir renovándose siempre. Son itinerarios nuevos hacia "Lo que es el Principio". Dentro del Origen: Deus homo, ut homo fieret Deus.


La traduzione, non rivista dal Cardinale Caffarra, è di Lucia Sbrighi